Como es natural, todos pretendemos que cada año sea mejor que el anterior. Los dos últimos, en materia económica, han sido revitalizantes para el país, con niveles de crecimiento que no se veían hace mucho tiempo así existan los papanatas que aseguren que poco o nada tienen que ver en ello las políticas gubernamentales o el haber recuperado la confianza a través de la seguridad. Si nos atenemos, entonces, a que el crecimiento de estos años sólo ha sido fruto de fenómenos externos, que han puesto por las nubes los precios de productos que exportamos como petróleo, carbón y níquel, habría que esperar resultados precarios para este año.

Empecemos a especular. Las exportaciones colombianas en el año que comienza podrían sufrir serias complicaciones. En primer lugar, no hay nada que pueda asegurar que en Estados Unidos, el TLC terminará abriéndose paso en un año electoral. Tanto el ‘negrito’ Obama como la mujer de Clinton, se han declarado abiertamente como enemigos del Tratado, y la presidencia podría estar sólo entre ambos pues el candidato republicano -cualquiera que sea- tendrá el inmenso lastre de Bush. En el Congreso, la mayoría demócrata no se traga el cuento de la necesidad de cuidar a un aliado que corre muchos peligros ante su vecino, el inefable Chávez, y más bien desean mostrar su faz moralizante condenando a Colombia por los supuestos excesos del paramilitarismo contra líderes sindicales. No hay que olvidar que fue el mismo Clinton -en los noventas- el que satanizó a Colombia y la convirtió en un país paria con los repetidos castigos de descertificación por ‘escasos’ avances en la lucha antidrogas, a pesar de que aquí siempre se ha hecho lo que ha exigido Washington: fumigar y extraditar, mientras ellos esnifan cantidades escandalosas de perico.

En segundo lugar, las exportaciones a Venezuela -y probablemente a Ecuador- van a estar signadas por el pulso político que se ha planteado en estos primeros días del nuevo año, cuyo pico más alto es la toma de posición de Chávez a favor de las guerrillas narcoterroristas de las Farc y el ELN. Tanto el Gobierno colombiano como algunos gremios de la producción se han mostrado excesivamente confiados con el argumento de que Venezuela no podría conseguir con facilidad otro proveedor como Colombia, con productos de calidad, buen precio y a la vuelta de la esquina. Sin embargo, cabe preguntarse qué pasaría en el caso de que Chávez esté dispuesto a comprar en otra parte, al precio que sea, con tal de complicarle la vida a su homólogo colombiano. El Ministro de Comercio, Luis Guillermo Plata, aduce que el Ministerio calcula que una reducción del 30 por ciento en las exportaciones a Venezuela tendría un impacto de apenas 0,16 por ciento en el PIB. En la actualidad, las exportaciones a Estados Unidos alcanzan el 35 por ciento del total exportado (7.428 millones de dólares), mientras a Venezuela enviamos el 15 por ciento del total (3.240 millones). Ambos países constituyen, pues, el destino de la mitad de nuestras exportaciones, que en 2007 podrían alcanzar una cifra cercana a los 27 mil millones de dólares; muy poco si se considera que Chile -con la mitad de nuestra población- vendió 60 mil millones de dólares en el 2006.

En tercer lugar, hay que volver a E.U. y mirar qué peligros nos depara la desaceleración de la economía norteamericana. La crisis hipotecaria de las viviendas ‘subprime’ ha mostrado su carácter de muy grave con las pérdidas del último trimestre de 2007, de gigantes financieros como Citigroup y Merril Lynch, quienes perdieron más de 10 mil millones de dólares cada uno (Merril perdió US 24 mil millones en todo el año, sólo en lo referido a dicha crisis). Cualquier observador desprevenido de los asuntos económicos podría apostar por una baja sensible en la demanda del mercado norteamericano por lo menos en el primer semestre del año, aunque los expertos ya opinan que habrá una recesión en E.U. de cuando menos diez meses que ya empezaron a contar, una gripita de esas que a países como el nuestro les produce neumonía.

De otro lado, el Gobierno de Colombia acaba de alcanzar una meta tras la que estaba hace mucho rato como era la de disminuir el desempleo a un dígito, una verdadera conquista a pesar de los altísimos niveles de informalidad que hay en el país. Sin embargo, ese logro podría perderse este año por los riesgos que corren nuestras exportaciones y también por factores tanto externos como internos de los que vale la pena mencionar dos: el precio del petróleo y las elevadas tasas de interés.

A través de la prensa nos enteramos de la preocupación de países como Argentina, Chile y México por los altos precios del crudo y las medidas que ya empiezan a tomar. El precio de los combustibles puede ser inflacionario aunque muchos expertos no lo reconozcan así; además, desestimula la inversión. A la larga, no se sabe qué es más costoso para la economía entre tener un combustible por las nubes o retirar gran parte de la carga impositiva de la estructura de precios y castigar la indisciplina fiscal del Estado. Lo cierto es que nuestro Estado despilfarra muchos recursos en cuestiones innecesarias -aparte de la corrupción- que deberían evitarse. Gravar en exceso el combustible puede ser tan nocivo como lo que sucede con el empleo y la carga de parafiscales, recursos que van para entidades tan nobles como el Sena, el ICBF y las cajas de compensación, pero que hacen pensar a más de uno a la hora de contratar a un cristiano.

El otro tema que siempre ha sido un problema en la economía colombiana es el de los intereses de usura que cobra el sector bancario y muy a pesar de los cuales seguimos creciendo. Bien dice el presidente de Bavaria, Karl Lippert (El Tiempo, diciembre 1 de 2007), que las tasas de interés de los bancos en Colombia son brutales. Asegura que en 2008 los efectos de ese abuso serán notorios, la gente verá que “sus ingresos se van a ir en pagar las deudas que generan las altísimas tasas de interés; caerá el consumo; bajará la inversión extranjera, porque la gente no invierte en momentos de desaceleración; la revaluación le seguirá pegando a las exportaciones y vendrá el marchitamiento del boom de la construcción, que ya comenzó a sentirse”.

El industrial agrega: “Colombia lleva tres años de sólido crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). Han crecido el consumo y la inversión directa extranjera, se han incrementado las exportaciones y hay un boom en la construcción. El fenómeno al que estamos asistiendo es el de que los cuatro índices han comenzado a bajar. El consumo bajó y estamos creciendo menos. La inversión extranjera declinó. Todo el mundo sabe que el próximo año (2008) el crecimiento mundial de la economía va a desacelerarse por la situación de Estados Unidos. Colombia debe tomar medidas para evitar ser golpeada”.

Ante todo este panorama es que uno se pregunta: ¿cuáles medidas se están tomando en Colombia para evitar un descalabro en el 2008? ·

Publicado en Tribuna Foro Democrático, Edición 60 -Ene-Feb 08- (http://www.tribunaforodemocratico.com/).

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Posted by Saúl Hernández

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