Uno de los orígenes de los males de Colombia es el exagerado crecimiento demográfico. El Estado nunca ha tenido políticas para su control pero cada vez son más necesarias.

Hace algunos días el diario El Tiempo (09-03-2003) publicó una noticia acerca de un empresario bogotano que decidió regalarle una hectárea de sus tierras en Córdoba a cada campesino que acepte hacerse la vasectomía. Son pocos los que han aceptado pero la idea de este empresario podría convertirse en una política exitosa de control natal. El mismo diario (23 de marzo) dice que 400 mil jóvenes entre 15 y 19 años se embarazan cada año por falta de educación sexual. Según datos oficiales, en Colombia se practican 400 mil abortos anuales y nacen 300 mil niños no deseados.

La tasa de natalidad no es sólo una variable de la economía sino también, en los países subdesarrollados, un factor de violencia. Es evidente que en las clases medias el índice de natalidad ha bajado en proporción al aumento de la calidad de vida y es una cruel paradoja que el número de hijos deseados en las clases altas sea tan bajo mientras que en los sectores marginados aún no parece tener límites.

El crecimiento económico de un país se debe medir teniendo en cuenta el crecimiento de la población, no basta con tomar el Producto Interno Bruto y señalar el crecimiento anual ni destacar el ingreso per cápita; es más importante hablar de los índices de calidad de vida y a éstos los determina el nivel de bienestar de los ciudadanos con base en factores como los servicios públicos, la educación, la cobertura en salud, la recreación, la vivienda, el empleo, la igualdad de oportunidades y la participación democrática, entre otros aspectos. Sin embargo, en países como Colombia el crecimiento poblacional excede las capacidades del Estado y los recursos de la Nación para garantizarle una buena calidad de vida a sus ciudadanos.

Colombia tiene más de un millón de niños desescolarizados, 350 mil bachilleres que cada año quedan sin posibilidades de educación superior, una tasa de desempleo que en las mejores épocas de la economía difícilmente baja del 8 por ciento, un déficit de un millón de viviendas de interés social, crisis hospitalaria, etc. Países de similar desarrollo que el nuestro tienen una población inferior y mejores índices de calidad de vida: Argentina, 36 millones; Chile, 15 millones; Perú, 27 millones; Venezuela, 23 millones.

El crecimiento desmesurado de la población colombiana, que ya pasó la barrera de los 43 millones de habitantes, implica la multiplicación de la pobreza —se calcula en 26 millones el número de pobres en nuestro país—, fenómeno que está asociado con otras problemáticas de índole social como el madresolterismo, el analfabetismo, la mendicidad, el trabajo infantil, la prostitución, etc., y eso sin tener en cuenta que estas condiciones de vida son propicias para la formación delictiva y de las diversas manifestaciones de violencia.

A estas alturas el tema del control natal está prácticamente vedado por la Iglesia y por una buena parte de la sociedad que aún tiene una mentalidad excesivamente conservadora y puritana —o tal vez solapada—, que aún considera que la natalidad se controla mediante la continencia y que cualquier política de regulación de la natalidad es un estímulo al desenfreno y a la ‘impudicia’, qué equivocados están.

La propuesta del empresario bogotano está dirigida a quienes ya tienen hijos, de manera que la idea no es negarle el don de la procreación a nadie, y si a ello se suma que se sigue necesitando una reforma agraria y que el presidente Uribe se ha trazado la meta de convertir a Colombia en un ‘país de propietarios’, pues se tiene ahí lo que podría ser una política exitosa en lo social y en lo económico, pero principalmente en el aspecto humano porque tener hijos es una gran responsabilidad y no se deben traer más de los que se pueda educar y alimentar con dignidad.  ·

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Posted by Saúl Hernández

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