Es muy aventurado suponer que el proceso de paz con las Farc alcanzó ya su punto de no retorno cuando apenas se han acordado dos de los seis puntos en discusión, y eso con salvedades sobre las que tendrán que regresar más adelante.

Mas bien, lo que puede asegurarse es que el Gobierno, como en un juego de parqués, llegó a una posición de ‘seguro’ que le ofrece un piso estable sobre el que se darán tres coyunturas temporales: la fecha límite que tiene el Presidente para anunciar su deseo de aspirar a la reelección; el fin de año, con la sensibilidad que arrastra y que lo convierte en un mojón que señala la conclusión de ciclos personales y colectivos; y las elecciones que se avecinan, cuyas campañas ya empezaron.

Por eso, no es exagerado asegurar que este acuerdo sobre el segundo punto se urdió como esos matrimonios de conveniencia donde cada parte se beneficia a su manera, y de los que se puede sospechar que no se quieren pero se necesitan: Santos solo tiene el tema de la paz para tratar de cambiar las encuestas que lo agobian y para las Farc es más rentable la estrategia del diálogo que perseverar en una guerra que tienen perdida.

Es decir, el proceso todavía no puede considerarse como irreversible pero no se ve que ninguna de las partes quiera romperlo, mucho menos el Gobierno que se ha comportado como una solterona tan dispuesta a todo que hasta lo empezó quebrantando sus inamovibles. Sin embargo, las Farc son las que manejan los tiempos y las riendas, y con ellas puede ocurrir cualquier cosa; que lo digan Betancur, Gaviria y Pastrana.

Además, bien dice Santos que el pan se puede quemar en la puerta del horno: si no hay reelección el proceso puede venirse abajo, como también es muy posible que el referendo sea votado negativamente por los colombianos o que ni siquiera alcance el umbral. Hasta expertos nadadores se han ahogado en la orilla.

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 15 de noviembre de 2013)

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Posted by Saúl Hernández

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