Independientemente del estado de violencia que sacude al país, que es más una consecuencia que una causa, se vuelve una curiosidad saber cuándo fue que el país se desvió, cuándo fue que perdió el rumbo camino al desastre que hoy nos agobia. Cualquiera se imagina que fue hace poco, que aun quedan cenizas del incendio, y se hacen toda clase de especulaciones; que fue cuando Belisario, que Laureano tal cosa, que Turbay tal otra, que Barco esto y aquello…

Flaco favor le hace el país quien trate de sacar en limpio a sus líderes de la historia reciente pero el manjar no es tan fresco como muchos creen: hace rato huele a rancio. Dentro de 100 años la historia sacará sus propias conclusiones de esta Colombia loca y pocos presidentes y personajes «ilustres» saldrán bien parados sobre todo por una razón de mucho peso: la dirigencia política le robó un siglo a Colombia.

En un libro sobre la historia política colombiana de 1891 a 1910,* se encuentran las siguientes perlitas:  «(Hace 100 años) la especulación y la usura se convirtieron en la mejor actividad económica». Igual sucede hoy; las actividades productivas no tienen ningún aliciente por las altas tasas de interés, los impuestos excesivos, la inseguridad reinante, etc. El mejor negocio lo hacen los banqueros especulando con nuestro dinero y recibiendo además el auxilio del 2 x mil como si fueran damnificados de quién sabe qué tragedia. La usura de sus intereses impagables y del Upac no tienen parangón en el mundo. Como si fuera poco, los que tienen billete prefieren sacarlo de paseo por el mercado de capitales de las bolsas de Tokio, New York, París, Londres…

Otra: «El Estado pasó a ser la mayor industria de la que dependían la mayoría de los residentes en las ciudades, por tanto, el botín de empleos por lograr y defender se alcanzaba con el poder. […]Los partidos Liberal y Conservador se enfrentaban en una lucha sin cuartel por apropiarse de la principal ‘industria’ existente en el país: el Estado». Hay una pequeña diferencia con el presente y es que hoy la pelea no es por puestos sino por presupuestos, que en gran porcentaje van a parar a los amplios bolsillos de los pantalones de gabardina.

–  “Los puestos se proveen no consultando el mérito y las capacidades sino por el favor, la intriga y los intereses eleccionarios”.

– “El poder judicial no puede proteger la honra, la libertad y la propiedad de los asociados”.

– “El sufragio no es libre y puro”.

Los grandes políticos de la época estaban de acuerdo en que era necesario solucionar todos esos problemas pero no hicieron nada; son tantas las coincidencias con la realidad actual que da la sensación de que Colombia perdió 100 años gracias a su clase política. Eso significa atraso. Atraso del que uno se acuerda, no más saliendo unos pocos kilómetros de cualquier ciudad, al ver tanto burro de cuatro patas, o al ver en televisión las sesiones del Congreso de la República. ♦

*CORREA, Fernando. Republicanismo y reforma constitucional. Medellín: Universidad de Antioquia, 1996.

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Posted by Saúl Hernández

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