Más que la elección al cargo de Procurador General de la Nación de una persona que, como el ex consejero de Estado Alejandro Ordoñez, manifiesta una sentida inclinación por una religión en particular, preocupa la saña con la que tantos columnistas han criticado su postulación, pronosticando un futuro oscurantista sólo porque a ellos no les gusta la religión. Se les olvida que para ser tolerantes hay que respetar los credos de los demás –sobre todo si es el católico, que sigue siendo el de las mayorías en este país– así como se respeta la opción de negar la creencia en un ser superior.

Y es que parece que las mayorías ya no cuentan. Si el candidato a nuevo procurador fuera musulmán o sintoísta, seguramente los personajes que tanto han criticado a Ordoñez no dirían nada para no parecer intolerantes o prejuiciosos. Los mismos críticos de Ordoñez son los que están enfrascados desde hace meses en una campaña de reproches contra el Presidente de la República por la manera abierta de exponer sus convicciones religiosas: se le fustiga por tener a un miembro del Opus Dei entre sus más cercanos colaboradores; por orar de rodillas ante los restos del venerable Padre Marianito; o por haber transmitido alguna vez –por el Canal Institucional– el rezo del Rosario en la Casa de Nariño.

Se ha llegado al extremo de decirse livianamente que Colombia está volviendo a los tiempos de la inquisición como si aquí estuviera dándose una cacería de brujas contra miembros de otras religiones y de los impíos, olvidando que el presidente Uribe, a pesar de sus convicciones católicas, ha sido respaldado por otras iglesias –como los cristianos, que le han puesto cientos de miles de votos– y que hace honor a la libertad religiosa que consagra la Constitución.

Todo esto se parece mucho a los esfuerzos que viene haciendo en todo el mundo esa religión oscurantista que es la izquierda para oponerse a toda manifestación religiosa del mundo libre, sobre todo si se trata de prácticas tradicionales del cristianismo. En España y Francia, por ejemplo, se prohibieron los crucifijos en las escuelas dizque para no ofender a los musulmanes. En Francia, además, les prohibieron el velo a las musulmanas para hacer recíproca la medida pero los inmigrantes musulmanes matriculan a sus hijas en escuelas católicas, donde les permiten el velo y conviven con los crucifijos sin problemas.

En Inglaterra, también por temor de ofender a los estudiantes musulmanes, se dejó de enseñar el holocausto nazi en los colegios. En Estados Unidos, la ACLU –Unión Americana de Libertades Civiles, una organización de izquierda muy cercana a Obama–, logró prohibir cualquier alusión a la Navidad en las entidades públicas –como la decoración navideña y cantar villancicos– bajo el precepto constitucional de la separación Iglesia – Estado. Incluso, ante las amenazas de la ACLU de llevar empresas privadas a los tribunales, ya no se usa la expresión ‘Feliz Navidad’ sino la de ‘felices vacaciones’. Y en las escuelas, los árboles de Navidad se llaman ‘de la amistad’ o ‘árbol de fiesta’. Curiosamente, esta ofensiva sólo se da contra el cristianismo en un país de amplísima mayoría cristiana, mientras que las celebraciones de otras religiones son bienvenidas y consideradas como un signo de diversidad cultural. Todas estas prohibiciones fueron las mismas que impuso la guerrilla de las Farc en los dos o tres años de dominio de la Comuna 13 de Medellín. ¿Pura coincidencia?

Se pueden y se deben condenar muchas prácticas de la Iglesia Católica o de sus integrantes, como los numerosos casos de pedofilia, y discrepar de sus posiciones arcaicas frente a temas como el control natal, el aborto (por lo menos en casos especiales) y la eutanasia, entre otros, pero interponerse en el ámbito espiritual de los individuos y los pueblos con posiciones que rayan en el fanatismo –eso que ya precisamente no existe en la religión católica– es un abuso, ese sí, inconstitucional. La bronca contra Ordoñez no es tanto por haber cambiado un cuadro de Santander por una cruz sino por demandar una revista que quiso parodiar la última cena con una mujer desnuda en el lugar de Cristo. Un innecesario exceso de ‘libertad de prensa’ que resulta legal pero no ético, y que tenía el evidente objeto de ofender.

Cualquiera puede practicar la religión que guste y proclamarla a los cuatro vientos siempre que no exceda los límites legales. La libertad de cultos es un derecho de todos, del Presidente para abajo, y eso incluye tanto a los católicos como a los que no profesamos culto alguno. ·

Publicado en el periódico El Mundo, el 15 de diciembre de 2008.

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Posted by Saúl Hernández

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