venezuelaDe Venezuela solo llegan malas noticias. El año pasado hubo 25.000 asesinatos en ese país, prácticamente el mismo nivel de violencia que tuvo Colombia en su peor época, en los años noventa, cuando se juntaban los crímenes del narcoterrorismo, las guerrillas, los paramilitares y la delincuencia común. Y eso que Colombia, en ese entonces, tenía más habitantes de los que hoy tiene el país vecino, donde no hay grupos ilegales como los que a nosotros nos han azotado.

Como es obvio, el Gobierno venezolano lo niega. Reconoce unas 10.000 muertes violentas, pero siguen siendo demasiadas para un país que apenas tiene 30 millones de habitantes y donde la pobreza dizque ha sido erradicada. Pura paja. Una muestra de que la violencia en Venezuela está desbordada es el asesinato de la exreina de belleza Mónica Spear. Asesinar figuras públicas es un acto que la mayoría de delincuentes evitan para no alborotar el avispero de los organismos de seguridad, pero eso allá poco o nada les importa porque no hay Estado que se sacuda. Para el chavismo, la seguridad es un bien burgués.

El año pasado a Venezuela se la comió una inflación del 56% que no pudieron negar. Y si no la pudieron negar, seguramente fue de varios puntos más. Todavía no tiene niveles de hiperinflación pero es una señal de la devastación que se avecina por causa de un modelo económico que todo lo convierte en ruinas. Y esta inflación no es producto de una ‘guerra económica’, como aduce el busetero de Cúcuta que ahora desgobierna ese país, sino una de las consecuencias directas de la destrucción del aparato productivo y de las restricciones cambiarias que impiden importar lo que allá no producen.

Diariamente se conocen noticias del colapso económico. Hace días se conoció que Toyota y General Motors suspendieron su producción allí por la restricción a las importaciones, lo que también tiene al borde del cierre a la ensambladora de Mazda en Colombia. Persiste la inquietud por la escasez de papel periódico, en lo que hay un evidente ánimo de censura a la prensa, y de papel higiénico, así un pseudointelectual de izquierda como Ignacio Ramonet coree el cínico argumento de que su escasez se debe a que la gente está comiendo más. Las toallas higiénicas también escasean y el Gobierno promueve el uso de “toallas socialistas reutilizables”: se lavan y se vuelven a usar.

Al parecer, el régimen de Maduro está decidido a marchitar la actividad económica privada y a aislar a Venezuela del mundo, como si su idea fuera asemejarse más a Corea del Norte que a Cuba. Con los saqueos autorizados en contra de cadenas de electrodomésticos, en diciembre, quedó claro que la actividad comercial no es viable en ese país. Tampoco lo es la actividad industrial pues el Estado, que es mal pagador, les adeuda más de 15.000 millones de dólares principalmente a productores de alimentos. A aerolíneas internacionales les debe US$3.340 millones, por lo que ya se están presentando restricciones en la venta de pasajes desde y hacia Venezuela. De hecho, la ecuatoriana Tame suspendió ya sus operaciones en la ‘República Bolivariana’, y a Avianca le adeudan la friolera de US$300 millones, algo así como el doble de sus utilidades del 2012.

El desabastecimiento de productos de primera necesidad en Venezuela (leche, harina de arepas, azúcar, carne, pollo, queso, aceite, margarina, etc.), es la conocida antesala del colapso al que siempre se abocan los países que toman el camino del marxismo. Sin embargo, el país vecino todavía tiene mucho margen de sufrimiento y mucha gente interesada en sus recursos naturales (Cuba, China, Rusia, Nicaragua, Argentina, Ecuador, Bolivia…) que hará lo que sea para evitar la caída de ese régimen.

Mientras tanto se ahondará la represión y la mendacidad descarada de un Gobierno inviable que todo lo tuerce con embustes como ese de que una botella de agua en Colombia vale 190.000 pesos. ¿Todo esto es lo que queremos para nuestro país? Ojo, que para allá vamos también.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 17 de febrero de 2014)

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Posted by Saúl Hernández

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