Cuando el gobierno empezó a decir que la economía estaba blindada, era obvio que tal afirmación había que tomarla con beneficio de inventario, puesto que al Gobierno le toca imprimir y mantener confianza, pero con serenidad y optimismo porque había (y siguen habiendo) razones para pensar que Colombia será uno de los países que saldrán mejor librados de la crisis mundial.

Sin embargo, hace meses se podía advertir que iba a presentarse una baja sensible en las exportaciones, dado que nuestros más importantes mercados –Estados Unidos, Venezuela y Ecuador– vislumbraban graves problemas económicos. También podía preverse la caída de las remesas, pues varios de los países más golpeados son aquellos donde hay más compatriotas trabajando, como E.U. y España.

Ahora se considera que la caída de las exportaciones será del orden de 6.000 millones de dólares; la de las remesas de alrededor de 1.000 millones; y se cree que caerá la inversión extranjera en 3.000 millones. Todo eso significa un detrimento de por lo menos 10.000 millones de dólares para el 2009; es decir, toda una fortuna que no llegará a irrigar la economía colombiana durante el año. Eso significa, por supuesto, despidos en empresas exportadoras, que son empleos formales con todas las prestaciones legales, y menor consumo por parte de quienes viven de las remesas. Lamentablemente, esto se vuelve un círculo vicioso: también consumirán menos esos trabajadores formales que pierdan sus puestos, y la baja en el consumo afectará los ingresos de otros trabajadores, sobre todo informales, provocando graves distorsiones en los índices de pobreza.

En la crisis económica de hace diez años se hicieron patentes esos estragos. La gente quería irse del país y hasta hubo una fuga de cerebros cuyo costo no se ha cuantificado. Muchos dejaron la universidad o el colegio. Cientos de empresas se acabaron. Miles perdieron sus casas al no poder con la hipoteca en Upac. La mendicidad se disparó, así como el desempleo, el rebusque y la delincuencia.

Pero hay que anotar que entre esa crisis y la actual hay una diferencia sutil: en la actual tienen mayor relevancia factores exógenos que endógenos; es decir, la economía en sí no está enferma sino que está siendo afectada por la crisis mundial. En este caso, esa frase de cajón según la cual “cuando E.U. estornuda a Colombia le da gripa”, terminó por materializarse más temprano que tarde, y surge la duda acerca de si esto es fruto sólo de la desconfianza y el miedo que ha provocado el desolador panorama de la economía norteamericana –y del mundo en general–, ocasionando una gran caída en el consumo interno. O sea, si nuestro desplome es un efecto colateral.

Si bien el país tiene la ventaja de asomarse a la recesión cuando el sector financiero está sólido, se tienen buenas reservas internacionales y suficiente cupo de endeudamiento, no puede dejarse de lado que nuestra economía suele destruir empleos con facilidad pero es muy lenta para crearlos. A pesar de que los últimos seis años fueron muy buenos para la economía colombiana –con un 2007 memorable–, el desempleo apenas pudo asomarse tímidamente a la cifra de un sólo dígito, mientras países del área, con un desarrollo similar, han tenido mejor comportamiento laboral que nosotros en todo este tiempo. Hay que recordar también que aquí se hizo una reforma laboral que no mejoró el panorama a pesar de que los empresarios siempre adujeron que era necesario flexibilizar el mercado de trabajo para crear nuevos puestos.

Los expertos suelen recomendar una gran dosis de creatividad para salir de tiempos de crisis económicas, pero los que toman decisiones, tanto desde lo técnico como desde lo político, acostumbran ser más ortodoxos que nunca. Uno quisiera que bajara el costo del combustible, que desmontaran los parafiscales, que bajen impuestos como el IVA –en vez de subirlo como Chávez–, que reduzcan los altos salarios oficiales y apliquen ese dinero a empleos de choque, en fin… Nada de eso va a pasar; por ahora, se le apunta a la realización de obras públicas por 55 billones de pesos, pero bien sabemos lo lento que es nuestro país para la ejecución de obras. Cuando éstas empiecen, el país habrá salido por sí solo del atolladero, no sin sufrir terribles traumas. ·

Publicado en el periódico El Mundo, el 6 de abril de 2009 (www.elmundo.com).

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Posted by Saúl Hernández

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